"Las objeciones a la religión son de dos clases: intelectuales y morales. La objeción intelectual consiste en que no hay razón para suponer que hay alguna religión verdadera; la objeción moral es que los preceptos religiosos datan de una época en que los hombres eran más crueles de lo que son ahora y, por lo tanto, tienden a perpetuar conductas inhumanas que la conciencia moral de la época habría superado de no ser por la religión,"
Bertrandt Rusell
"Por qué no soy cristiano"
lunes, 20 de agosto de 2012
Por qué no soy cristiano.
"Ningún hombre que crea que los sufrimientos de este mundo son por nuestro bien puede mantener intactos sus valores éticos, ya que siempre está tratando de hallar excusas para el dolor y la miseria"
Bertrand Russell
sábado, 11 de agosto de 2012
La lapidación de Soraya M.
Si lo que dijo Steven Weinberg
respecto a la religión les pareció excesivo, bueno les recomiendo ver esta
película basada en hechos reales para entender la verdadera dimensión de lo
dicho por el físico estadounidense, creo que su frase les quedará corta.
<iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/Q58nLi5eA-I" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
http://www.youtube.com/watch?v=Q58nLi5eA-I
Yo añadiría que gracias a la
religión, prácticas y costumbres primitivas, hoy consideradas bárbaras e inhumanas,
pueden tener vigencia debido a la
irracional lógica de pensar que son revelaciones o mandatos divinos. La
lapidación de un ser humano puede haber jugado un rol social en el pasado para
modelar el comportamiento humano, sobre todo el femenino, pero hoy resulta, por
lo menos, excesivo. La razón nos indica que aquello no puede estar “bien”, que
los “pecados” no deben ser pagados de esa manera.
¿Dios se equivocó al ordenar la
lapidación de los adúlteros? ¿Dios se puede equivocar?¿O las religiones están
equivocadas?¿O yo estoy equivocado?
domingo, 5 de agosto de 2012
La religión es un insulto a la dignidad humana
"La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión."
Steven Weinberg, físico estadounidense ganador, en 1979, del
Premio Nobel de Física.
viernes, 3 de agosto de 2012
Lapidación de un violador del día de reposo
Números 15:32-36
Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Lapidación de un violador del día de reposo
...
32 Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo.
33 Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación;
34 y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer.
35 Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento.
36 Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Lapidación de un violador del día de reposo
...
32 Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo.
33 Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación;
34 y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer.
35 Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento.
36 Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.
miércoles, 25 de julio de 2012
El delito de Hamza Kashgari
Creo que es importante difundir
el caso del periodista saudita Hamza Kashgari, joven de 24 años, quien se
encuentra detenido en su país acusado de apostasía y por lo tanto enfrentado la
posibilidad de la pena capital que en Arabia Saudita se paga muchas veces con
la decapitación.
¿Cuál fue su delito? Bueno, tuvo
la irreverencia de twittear lo siguiente:
- “En tu día, no te reverenciaré. No besaré tu mano. Por el contrario, te extenderé la mano como a un igual y te sonreiré como tú me sonríes. Te hablaré como a un amigo, no más.”
- “En tu día, te encuentro en donde voltee. Te diré que he amado muchos aspectos de ti, odiado otros y podría no entender muchos más.”
- “En tu día, diré que he amado el rebelde en ti, que tú has sido siempre una fuente de inspiración para mí y que no me gustan los halos de divinidad que te rodean. No oraré por ti.”
Estas frases han ocasionado las más
feroces reacciones, no sólo de los más respetables curadores de la fe islámica,
sino, como es de esperar, de muchos creyentes de todas las nacionalidades,
quienes consideran dichas frases como insultantes contra el Profeta Mahoma y
por lo tanto contra toda la fe musulmana.
En algunas tradiciones
religiosas, insultar a dios u ofender a su mensajero es un pecado que no puede
ser perdonado. Quizá esto nos parezca excesivo, producto del fanatismo
religioso, pero es así como se formaron las tres religiones monoteístas de
origen abrahánico. La piedra angular de dichas religiones es el temor a dios y
el sometimiento a su voluntad sin reparos (Aunque te pida que mates a tu hijo).
La adoración a otros dioses paganos era un delito que se pagaba con la vida,
basta leer algunos pasajes del antiguo testamento para entender este comportamiento
(Éxodo. 35: 15-29, Deuteronomio 13:7-11). El Islam, que se nutre de la misma tradición
y que no ha dejado que sus costumbres pasen por el tamiz de la razón, permanece
como una de las religiones más primitivas en sus prácticas y concepciones.
Quizá para entender lo anterior sería
oportuno escuchar el siguiente video, en donde uno de los más respetados clérigos
de Arabia Saudita da su parecer sobre los escritos de Hamza Kashgari, llamando
a que dicho periodista sea ejecutado, como se solía hacer en la antigüedad. Luego
de escuchar este video, quizá alguno de ustedes sienta un escalofrío y agradecido
de haber nacido en una sociedad libre o casi libre, donde, por lo menos, por
opiniones o escritos, por más terribles y heréticos que puedan resultar, tu
cabeza no corra peligro.
La búsqueda de la verdad
La Religión y la Ciencia han sido,
sobre todo, una manera en que el ser humano instintivamente ha reaccionado para
entender este mundo, para encontrar una respuesta a esa pregunta trascendental
que el hombre se ha hecho a lo largo de su existencia: ¿cuál es el sentido de
la vida? ¿Para qué estamos aquí, quién nos ha creado y cuál debe ser nuestro
destino?.
Nietzsche dijo alguna vez algo
así: si quieres tener paz y tranquilidad en el espíritu, cree; pero si quieres
la verdad, búscala. He ahí los caminos que tenemos, la fe y la razón, aunque quizá
haya otros. Si quieres la paz adopta una religión, elige cualquiera, todas son
buenas, todas te hablan de un ser supremo que de una u otra manera nos ha
creado y ha fijado nuestro destino. Todas las respuestas las encontrarás en una
religión, !tienen casi todas las respuestas¡¡¡, hasta para las preguntas más
desesperadas, y si no la tienen, no faltará un iluminado que te encontrará una
respuesta que se ajuste a las sagradas escrituras, a la enseñanzas del maestro,
u otra variante.
El otro camino es más difícil y,
hasta donde he podido hurgar, no ofrece ninguna respuesta contundente, sólo
ofrece preguntas y mientras más buscas más preguntas encontrarás. Para el
sentido de la vida, no tiene repuesta; para quién nos creó, tampoco; se
plantean teorías, pero hasta ahora todas han quedado en eso, hipótesis que quizá nunca podrán
comprobarse.
Y como el Antoine de los "400
golpes" de François Truffaut, desesperado buscando una verdad, no encuentro sino
el mar, el inmenso mar frente a mí, que me invita a entrar, aunque sepa que mi
destino no sea más que la muerte en mi infinita ignorancia.
Sin embargo, hay algo digno en
no entregarse a la verdad fácil, a esa que ofrece contradicciones y vacíos
en cada rincón, una verdad que cada vez se hace más vieja y menos verosímil,
una verdad cuyos dogmas resultan tan primitivos y tan elementales que uno se
pregunta hasta cuándo podrán resistir el paso del tiempo y la evolución del
entendimiento humano.
La religión ha ayudado a los
grupos humanos a convivir en cierto grado de armonía y orden. ¿Cuál hubiera sido
el derrotero de las sociedades sin la religión?, es una pregunta que queda en el campo
de la ucronía, pero lo que quizá sí se pueda medir es el impacto que ha tenido
en nuestra manera de pensar y entender nuestra cosmogonía. A algunas sociedades
la religión, cual virus de la gripe, la ha cogido con mucha fuerza y ha seteado los cerebros de sus individuos,
de tal manera que se necesitarán muchas generaciones para encontrar el hilo de
la madeja que los saque de su ignorancia.
Hay que resolver la ecuación de
la religión con algún método que, finalmente, permita al ser humano escapar de ese
vicio eterno en el que se encuentra y que sólo con la razón y el entendimiento
podemos curar.
¿Qué ganamos despojándonos de la religión?
Quizá nada, quizá todo. Nada, porque el hombre que anhela certitudes no puede
vivir en un mundo donde no tenga un punto en donde apoyarse. Pero ganamos todo
si logramos entender que hemos dado el paso más importante en la historia de la
humanidad, al lograr salir del vicio de las religiones, de ese estado primitivo
al que llegamos debido a nuestra ignorancia y desesperación, y por fin conocernos
soberanos de nuestro destino.
Salir de una religión es entender
que la moral es un producto social; es aceptar que lo que nos sucede a diario,
no está prefijado por la mano omnipotente de un ser superior, sino determinado
por el azar o por reglas que aún no logramos entender; que vivir en paz y
prosperidad, depende de nuestras decisiones y de cómo decidamos organizarnos; que los desastres naturales obedecen a leyes físicas,
y no a castigos divinos; que nuestras desgracias no son obra de dios ni del
diablo, sino consecuencias de nuestros actos y de los demás; y, finalmente,
implica entender que tenemos el infinito frente a nosotros para comprenderlo,
aunque una vida no nos sea suficiente para ello.
La muerte merece un párrafo aparte. La muerte es
el anzuelo que la religión nos ha sembrado al final de nuestro viaje terrenal
para doblegar cualquier intento irreverente de sentirnos dueños de nuestro
destino, es el momento cuando el sacerdote, muy cómodo, sabedor de su mejor posicion, se acerca a nosotros con un aire
paternal y nos ofrece el paraíso y nosotros por temor a lo que nos espera al
otro lado del rio o, más bien, gracias a un frío cálculo, nos sometemos, temerosos
de dios. ¿Cómo debe quemar en el infierno, no? Al final, somos seres humanos, débiles
e imperfectos, calculadores y algo inteligentes. Como decía Ortega y Gasset,
tengo dos opciones: creer en dios o no creer. Si creo y dios existe, me voy al
paraíso, pero si no existe, pues “que no pasa nada”. Pero si no creo y Dios
existe, me quemo en el infierno. Simple teoría de juegos.
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